Gaza en la oscuridad no es tan terrible


La Autoridad Palestina (AP) que tiene su sede en Cisjordania ha dejado de subvencionar electricidad a Gaza; un alto funcionario de la AP dijo el mes pasado que la reducción tiene como propósito “secar los recursos financieros de Hamás”. En consecuencia, los israelíes reducirán su suministro de electricidad a Gaza en un 40%. El liderazgo de Hamás en Gaza ha amenazado a Israel con “una explosión” si no le suministra electricidad a Gaza a expensas de los contribuyentes israelíes.

El chantaje es, por supuesto, parte del repertorio de Hamás. Una de las principales razones por el cual Hamás lanzó miles de cohetes y envió a terroristas a que entraran en territorio israelí a través de túneles en el verano del 2014 fue para resolver su grave problema económico. Hamás necesita electricidad para construir sus túneles terroristas y producir armas.

Voces en Israel y en el exterior abogan por la “moderación” lo que significa capitulación e insisten en que Israel no tiene interés en una escalada del conflicto. Mientras Israel prefiere naturalmente las fronteras calladas, ceder ante las demandas de Hamás y concederle una victoria sólo conducirá a nuevas demandas. Suministrarle electricidad a Gaza a cambio de una promesa que ciudadanos en Gaza se abstengan de disparar contra civiles israelíes no es nada diferente a vacunarse para protegerse de la mafia.

No existe ninguna razón estratégica o moral por la que Israel debería suministrarle electricidad a Gaza. El suministro de electricidad a Hamás a cambio de tranquilidad es como pagarle ‘vacuna’ a la mafia.

Si bien Israel no desea una escalada de violencia, no tiene ninguna razón para temer que esto suceda. Israel es el lado más fuerte. Por otra parte, la esencia de la guerra es una competencia para infligir dolor al oponente a fin de cambiar los patrones de comportamiento. El dolor tiene un valor positivo que afecta las curvas de aprendizaje de los bandos en guerra. Israel ha hecho uso de la fuerza para enseñarles a los palestinos que la agresión contra este no produce resultados y que el continuo apoyo a Hamás puede a final de cuentas ser muy costoso.

Otra ronda de violencia, una que cobra un alto costo de Hamás y de los habitantes de Gaza, puede conducirlos a un comportamiento más pacífico. Es cierto que es difícil influir en los procesos de aprendizaje cuando nos referimos a los grandes colectivos, pero no es de ninguna manera algo sin precedencia. Por ejemplo, fue mucho el sufrimiento en la Primera Guerra Mundial y en la Segunda Guerra Mundial para transformar a Alemania en una sociedad menos militarista y beligerante. Si bien no es algo políticamente correcto, tal tratamiento pudiera ayudar a convertir a los palestinos en vecinos pacíficos a largo plazo.

En cualquier caso, no tiene ningún sentido estratégico aliviar la situación de Hamás justo en este momento en que los estados árabes sunitas han colocado a Qatar (el gobierno que apoya a la Hermandad Musulmana, de la cual Hamás es parte) bajo un acoso diplomático y económico. Además, los Estados Unidos parecen apoyar las medidas adoptadas por Arabia Saudita y sus aliados. La propia Autoridad Palestina (AP), que inició la crisis de electricidad al negarse a continuar pagándole el suministro de energía eléctrica a Gaza como parte de la lucha interna palestina por el dominio de poder, no se siente impresionada por las advertencias de un inminente desastre humano.

¿Qué justificativo moral obliga a los israelíes a ayudar a gente que apoya a una organización con la intención de destruirlos?

Hamás se aprovecha del sufrimiento de los habitantes de Gaza con el propósito de extraer toda la ayuda humanitaria y simpatías hacia su causa. Pero los habitantes de Gaza no pueden ser eximidos de responsabilidad por las consecuencias de las acciones de Hamás. Desafortunadamente, Hamás sigue siendo popular en Gaza y todas las encuestas muestran que los habitantes de Gaza apoyan su continua violencia contra Israel.

Los habitantes de Gaza, en fin, no son buenos vecinos y no merecen las simpatías de Israel. ¿Qué justificación moral existe que obligue a los israelíes a ayudar a gente que apoya a una organización que intenta destruirlos?

Por otra parte, planes para aliviar la situación económica en Gaza, ya sea suministrando electricidad y agua o construyendo un puerto, envían señales equivocas. Estos les dicen a los palestinos que su liderazgo puede cometer errores graves, pero forasteros con buenas intenciones los sacarán del atolladero. Estos también le señalan a Hamás que puede continuar disparando contra Israel. ¿Por qué no? Si Israel toma medidas militares como respuesta, los misericordiosos donantes repararán el daño una vez más.

Aliviar la situación económica en Gaza envía las señales equivocadas a sus residentes.

Los billones de euros transferidos a los palestinos en las últimas dos décadas han sido malgastados por ineptitud y malversación a través de ​la corrupción. Al igual que muchos países del Tercer Mundo, Gaza carece de la infraestructura legal e institucional necesaria para la efectiva distribución de la ayuda económica. Muy poca ayuda ha sido filtrada al pueblo. El liderazgo de Hamás, sin embargo, continúa enriqueciéndose por ello. Aquellos que poseen armas siempre obtienen la primera y mejor parte de la ayuda extranjera enviada a los pobres. La ayuda humanitaria a Gaza también es desviada para construir mejores capacidades militares con las que combatir contra Israel.

El gobierno autoritario de Hamás condena a los habitantes de Gaza a una continua pobreza, ignorancia y a una prolongada guerra con Israel. Los palestinos, particularmente en Gaza, no están educados para buscar la paz, sino para hacer sacrificios y martirizarse a sí mismos en una guerra santa contra el estado judío.

A Israel no le queda más remedio que rechazar las demandas de Hamás, aunque tal negativa traiga para sí otra ronda de violencia que agregue al sufrimiento en Gaza. Incluso los amigos del movimiento nacional palestino deberían darse cuenta de que es hora de responsabilizar a Gaza por sus acciones. Tal vez algo de oscuridad ayudará a los habitantes de Gaza a ver la luz.

Por Efraim Inbar, profesor emérito de estudios políticos en la Universidad Bar-Ilan y ex director del Centro de Estudios Estratégicos Begin-Sadat (1991-2016), es miembro de Shillman-Ginsburg en el Foro del Medio Oriente.
Fuente: BESA - Hatzad Hasheni
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