ISIS – Pensar en el día después



Este último miércoles ISIS voló la mezquita A-Nori en el centro de Mosul, Irak, en el mismo lugar en donde el líder de la organización, Abu Baker Al-Bagdhadi anunció hace tres años el establecimiento de un califato islámico bajo su dirección. La explosión de la mezquita, una joya del siglo XII, es como una aceptación de la derrota de ISIS.

Es cierto que la campaña para eliminar a la organización se ejecuta lentamente y poco a poco va dando sus resultados, a pesar de la ventaja numérica del ejército iraquí y las milicias chiíes que combaten a su lado. También queda claro que la batalla decisiva no eliminará a ISIS como una fuerza combatiente y principalmente como una idea que late sobre el mapa.

Se supone que la organización continuará operando desde el fondo del desierto como una guerrilla, al igual que sus ramas que operan en la península del Sinaí. Al mismo tiempo, debemos también considerar a los jóvenes musulmanes en Europa que siguen dicha visión del mundo y que llevarán a cabo ataques en todo el continente.

Y aun así, ISIS va perdiendo sus fortalezas, sus comandantes y líderes, que han sido alcanzados uno tras otro gracias a los ataques dirigidos y eficaces de los Estados Unidos, y queda claro que el intento de establecer un estado islámico y un califato gobernado por un solo líder no tiene esperanza alguna de reestablecerse. Su descabellado extremismo fue el que estableció su mundo y fue quien provocó su final, ya que si la organización hubiese demostrado cierta restricción y no hubiese provocado a los americanos, los turcos, los saudíes y los jordanos, estos lo hubiesen dejado en paz sin salir a una guerra contra ISIS.

La mayor parte del crédito por el colapso del reino de ISIS es para los Estados Unidos. Mientras los rusos hablaban sobre una guerra contra ISIS, pero combatían especialmente contra los rebeldes moderados en el oeste de Siria, los estadounidenses están actuaban con decisión en contra de la organización. Pero junto a Washington también hay que mencionar la ayuda de Teherán. Después de todo, incluso si los estadounidenses no quieren admitirlo, la lucha de los chiítas iraquíes contra ISIS fue un movimiento articulado, aunque de manera indirecta, entre los Estados Unidos e Irán. Los oficiales y los combatientes iraníes fueron quienes dirigieron los ataques en Irak contra ISIS.

A diferencia de los EE.UU., los iraníes han organizado un plan de acción para el día después de ISIS, y actúan con decisión para ponerlo en práctica ahora, mientras que la lucha para erradicar a ISIS está aún en curso. Ellos están operando para heredar a ISIS en los desiertos sirios y de Irak, estableciendo allí mismo un corredor terrestre en Teherán y Beirut que les permitirían transferir misiles y sus envíos a Hezbollah, así como el envío de combatientes chiítas y los miembros de la Guardia Revolucionaria hacia el interior de Siria, Jordania en camino hacia la frontera israelí.

Rusia ya ha aceptado las ambiciones de Irán en esta zona, y es difícil creer que se movilizarán para detener a los iraníes. Washington, sin embargo, declaró desde todos los podios que Irán es la principal amenaza para la paz y la estabilidad en la región, pero en la práctica le deja a Irán establecer una especie de presencia en Irak y ahora Siria.

Los estadounidenses trabajan en el sureste y el norte de Siria, pero abandonaron el centro del país a manos de los iraníes. Estos se movilizan con toda su energía hacia la frontera con Irak, y en algunos lugares ya han anunciado que se han unido a las milicias chiítas que son leales a las fuerzas ubicadas en la frontera iraquí. La facilidad insoportable con la que Irán disparó misiles desde su territorio hacia Siria también fue posible porque Estados Unidos no tiene ningún plan real sobre cómo tratar con Irán el día después de la caída de ISIS.

De esta forma EE.UU. repite los errores del pasado, como resultado que todos sus actos y movimientos militares se hicieron sin premeditación y sobre todo sin pensar en el día después. Por ejemplo el derribo por parte de los americanos del régimen de Saddam Hussein en Irak en la primavera de 2003, sin haberse preparado para el día después y así se encontraron frente a Irán, o ISIS que aprovechó el espacio vacío creado por los estadounidenses en Irak para echar raíces. También en Libia los EE.UU. ayudaron a derrocar el régimen de Gadafi sin pensar en los resultados de la medida y sin prepararse para sus consecuencias.

Por Eyal Zisser - Israel Hayom
Hatzad Hasheni
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