El reto de inmigrar a Israel para el adulto mayor de 50 años

Sara Alboukrek junto a su nieto nacido en Israel

Un número considerable de las personas que han considerado inmigrar a Israel son adultos mayores. La mayoría, sin embargo, desiste de este proyecto en vista de todas las dificultades que implica hacer un cambio de vida tan drástico, especialmente cuando se ha pasado del medio siglo.

No obstante, el caso de Sara Alboukrek es una excepción a la regla. A sus 56 años,  Sara decidió inmigrar a Israel dejando atrás su vida en México donde tuvo una exitosa carrera como sicóloga clínica y fue profesora universitaria durante muchos años.

Dado que proviene de una familia judía muy sionista, Sara siempre tuvo el sueño de vivir en Israel, pero la manera como se desenvolvió su vida en México hizo que se quedara en su país y criara allí a su única hija.

El padre de Sara, un judío cubano que inmigró al territorio israelí cuando éste estaba bajo el dominio británico, combatió en una de las tropas revolucionarias sionistas en los años 30, pero luego fue exiliado por los británicos, razón por la cual se refugió en Latinoamérica.

Luego de que su hija tomara la decisión de irse a vivir a Israel, Sara se vio aún más motivada a hacer aliá (inmigrar a Israel) sabiendo que si dejaba pasar más años, adaptarse al país sería más difícil; además no quería que su hija formara una familia mientras ella estaba lejos.

Aunque su hija estaba en Israel y en sus viajes de visita había quedado cautivada por el país, Sara tenía muchos temores; sin embargo, ya que había logrado todo lo que se propuso en su carrera de sicóloga, pensó que no perdería nada en caso de que no pudiera continuar con su profesión en Israel.

Dispuesta a enfrentarse con las dificultades pero a la vez con mucha esperanza, Sara llegó a Israel el 31 de diciembre de 2009 al Centro de Absorción de la ciudad de Ra’anana donde durante ocho meses estudió hebreo para profesionales.

Para la sicóloga mexicana el estudio en el ulpán (centro de estudio) de hebreo le ayudó a enfrentarse con todos los trámites, como el de la validación de sus títulos, y la cotidianidad en las calles, pero para trabajar en su profesión aún le faltaba mucho qué aprender del idioma.

A los tres meses de haber llegado a Israel, Sara consiguió un trabajo de limpieza en oficinas en las tardes y en las mañanas estudiaba hebreo. Aunque su hija vivía en Jerusalén, no se sintió sola gracias a las personas solidarias que encontró en su camino, tanto israelíes como latinas.

En el aspecto económico el primer año en Israel fue muy difícil para Sara; pese a eso, el apoyo de sus primas le ayudó a salir a flote mientras se adaptaba al país.

Para Sara convivir con otras personas en la misma vivienda, tanto en el centro de absorción como fuera de este, fue de las experiencias más difíciles en Israel. Al respeto dijo: “No me lo vas a creer, pero para mí, más difícil que lo económico y más difícil que todo lo que luché, fue vivir con personas que no conocía…lo recuerdo como algo traumático”. Sin embargo, actualmente Sara tiene una fuerte relación de amistad con sus antiguas compañeras de vivienda.

Abriéndose camino en el mundo laboral

En Israel los sicólogos extranjeros validan sus títulos ante el Ministerio de Educación y el Ministerio de Salud sin el requisito de un examen, siempre y cuando toda la documentación esté en orden. Sara además tenía que validar su título de maestría, el cual era esencial para la búsqueda de trabajo ya que en Israel los sicólogos deben tener alguna especialidad o segundo título para tener buenas opciones de empleo.

Luego de año y medio, Sara obtuvo el reconocimiento de su título en sicología y su maestría, sin embargo para validar su especialización en sicología clínica, enfrentó muchas dificultades por el tiempo que tardó solicitando la documentación en México.

Para el reconocimiento completo de su especialización, la sicóloga debía buscar un lugar para realizar una práctica de un año o presentar un exámen, pero después de mucho buscar no logró encontrar donde la aceptaran a pesar de que el Ministerio de Absorción pagaba la pasantía.

Después de año y medio de búsqueda, Sara optó por enviar una carta solicitando que la eximieran del requisito de la práctica ya que tenía muchos años de experiencia como sicóloga, tenía todos sus documentos en orden y su edad no le permitía esperar más.

Al poco tiempo Sara obtuvo respuesta, y aunque pensó que le exigirían hacer un examen a cambio de la práctica, recibió un sobre con el reconocimiento de su especialización en sicología clínica ; todo el proceso tardó en total más de cinco años.

Pero durante los años de espera para la reválida del segundo título, Sara considera que el factor que realmente le abrió las puertas al mundo laboral en su profesión, fue haberse acogido al programa Mataim en el que los sicólogos nuevos inmigrantes son becados mientras trabajan o realizan una especialización en los servicios de sicología educativa de los ayuntamientos de las ciudades israelíes.

Al año y medio de haber llegado a Israel, la sicóloga mexicana logró que la aceptaran para trabajar y a la vez especializarse en psicología educativa en la ciudad de Petah Tikva durante las mañanas, mientras que en las tardes trabajaba en limpieza de oficinas.

A los nueve meses de haber comenzado en el programa laboral para sicólogos inmigrantes y a pesar de tener muchas dificultades con el idioma, Sara fue contratada directamente por la alcaldía de Petah Tikva. Para ella, aquel primer año como sicóloga en Israel fue especialmente difícil ya que su nivel de hebreo le permitía entender muy poco los procedimientos,  las capacitaciones y juntas, situación que le generó mucha frustración y tristeza.

Aunque el comienzo fue difícil, gracias a la permanente ayuda de su supervisora y compañeras de trabajo latinas e israelíes, poco a poco Sara fue superando la barrera del idioma y adquiriendo más responsabilidades en su trabajo con los niños, el cual le ha permitido vivir dignamente cubriendo todos sus gastos.

En cuanto a la relación con los padres de los niños, para la sicóloga mexicana los israelíes son especialmente exigentes, lo que intimidó a Sara en el comienzo, pero hoy en día está más familiarizada con el carácter de los israelíes.

Sara comenta que después de seis años de estar en Israel, aún se maravilla con muchos aspectos del país, desde cosas simples como la experiencia de viajar en autobús, hasta la complejidad de la variedad cultural la cual vive a diario en su trabajo con niños israelíes, latinos, etíopes, rusos y de muchos otros países.

Con base en lo vivido en el país, Sara considera que su edad no fue un obstáculo para integrarse en la sociedad israelí y en la vida laboral como sí lo fue el idioma. Los años de experiencia que trajo de México como sicóloga, le dieron la seguridad de que encontraría a alguien que los valorara, y luego de un difícil comienzo, así fue.

(Lea también: Ser paciente y a la vez médico en Israel. Enfrentando un giro inesperado de la vida)

La sicóloga fue enfática en afirmar que extraña muchísimo la comida de México. También, especialmente durante los primeros años en el país, extraña su trabajo de docente en las universidades y a sus alumnos.

La decisión de inmigrar a Israel tuvo un significado especial para Sara ya que siente que vino a completar un círculo que comenzó con su padre. “Fue un reto para mi vida que necesitaba. Siento que yo debía dar este salto en mi vida. Yo necesitaba estaba estar aquí y no me equivoqué”, comentó.

Fuente: Israel Adentro
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