La primera prueba para detectar el Parkinson se desarrolla en Israel

Una investigadora de la Universidad Hebrea de Jerusalén ha desarrollado una prueba para lograr la detección temprana de la enfermedad de Parkinson que la llevó a obtener el Premio de Innovación Kaye 2017.


Suaad Abd-Elhadi, médica israelí que se está doctorando en el Instituto de Investigación Médica Israel-Canada de la Universidad Hebrea de Jerusalén, desarrolló una herramienta para diagnosticar el padecimiento en su etapa temprana, así como para monitorear el progreso del mismo y la respuesta del paciente a su terapia.

La enfermedad de Parkinson está asociada con una proteína llamada alfa-sinucleína. Cuando esta proteína se desarrolla de forma patológica, aparece en los nervios periféricos, especialmente en el sistema digestivo, para trasladarse luego al cerebro en la etapa tardía del Parkinson.

La proteína se adhiere a las moléculas denominadas lípidos. Abd-Elhadi se encargó de identificar a qué tipos de lípidos las proteinas alfa-sinucleinas se adhieren en los tejidos periféricos y en las células cerebrales.

A partir de esto, desarrolló el “lípido ELISA” (siglas de: ensayo por inmunoabsorción ligado a enzimas). En el argot médico, un ensayo es un procedimiento en laboratorio para evaluar la presencia, cantidad y actividad de una entidad.

La investigadora ha logrado demostrar que este ensayo suyo funciona con gente en diferentes etapas del Parkinson y con gente que no lo presenta. Ahora está en el proceso de probar ELISA en personas con la enfermedad en estados moderados y severos como parte de un estudio clínico.

Actualmente, desarrollar un diagnóstico preciso del Parkinson, aún en etapas tempranas, es muy difícil y no existen pruebas de diagnóstico estándar para realizarlas. Lo único que puede llevar a su detección es el historial clínico del paciente y los resultados de un examen neurológico. El “lípido ELISA” puede encaminar a un método poco agresivo y bajo en costo para mejorar la vida de los pacientes.

La enfermedad de Parkinson es el segundo transtorno neurodegenerativo en humanos más común en el mundo, después del Alzheimer. Se caracteriza por cambios motrices en el cuerpo como temblores y sacudidas y también puede presentar síntomas cognitivos y de conducta.

Cerca de 10 millones de personas a nivel mundial viven con la enfermedad y los medicamentos para tratarla le cuestan a los pacientes alrededor de 2 mil 500 dólares al año. Una cirugía cerebral para tratar el padecimiento puede costar hasta 100 mil dólares.

Fuente: Haaretz, The Jerusalem Post, Enlace Judío
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