El antisemitismo: un fraude de odio

Este fraude de odio es un clásico en la literatura racista paranoica. Tomado por los crédulos como el acta confidencial de un cónclave judío convocado en los últimos años del siglo XIX, ha sido anunciado por los antisemitas como una prueba de que los judíos conspiran para conquistar el mundo. Desde su invención a principios del siglo por la Okhrana rusa, la policía secreta zarista, “Los Protocolos de los Sabios de Sión” se ha arraigado en mentes intolerantes y asustadas en todo el mundo.

Las veinticuatro secciones del folleto explican los supuestos planes secretos de líderes judíos que persiguen la dominación del mundo. Representan el fraude político más notorio de los tiempos modernos. Aunque completamente desacreditado, el documento sigue siendo utilizado para provocar el odio antisemita.


Orígenes de los Protocolos

Serge Nilus, un funcionario zarista poco conocido en Moscú, editó varias ediciones de los Protocolos, cada una con un relato diferente de cómo descubrió el documento. En su edición de 1911 Nilus afirmó que su fuente había robado el documento de (una inexistente) Sede sionista en Francia. Otros “editores” de los Protocolos sostuvieron que el documento fue leído en el Primer Congreso Sionista celebrado en 1897 en Basilea, Suiza.

Según algunos estudiosos, entre ellos el Prof. Norman Cohn, en su conocido libro Warrant for Genocide (Garantía para el Genocidio), el mito del control mundial surgió de una sátira política francesa del siglo XIX en la que los presuntos conspiradores ni siquiera eran judíos.

La Divulgación de los Hoax

Impacto de la Revolución Bolchevique

Después de la Revolución Rusa de 1917, los frustrados partidarios del Zar derrocado rescataron el documento de la oscuridad para desacreditar a los bolcheviques. Los emigrados zaristas retrataron la Revolución como parte de un complot judío para esclavizar el mundo y señalaron a los Protocolos como su plan de acción. El esquema de unir los Protocolos a la Revolución Bolchevique no sólo llevó a la alegación de una conspiración Judeo-Comunista, sino que promovió el fraude internacional. En años posteriores, la brutal propaganda antisemita soviética bajo Stalin y otros se hizo eco de la mitología conspirativa de los Protocolos.

Publicidad internacional

En la década de 1920, dos corresponsales británicos, Robert Wilton, del London Times y Victor Marsden, del Morning Post, que habían vivido en la Rusia precomunista, promovieron la idea de una conspiración judía en Gran Bretaña. Dieciocho artículos sobre el tema de una conspiración judía, así como sobre los “Protocolos” mismos fueron publicados en el Morning Post. Marsden tradujo los Protocolos al inglés y en su introducción al documento afirmó:

. . . Los judíos lo están llevando a cabo con firme propósito, creando guerras y revoluciones. Para destruir a la raza blanca gentil, que los judíos puedan tomar el poder durante el caos resultante y gobernar con su supuesta inteligencia superior sobre las razas restantes del mundo, como reyes sobre esclavos”.

Una edición en lengua polaca de los Protocolos apareció en 1920. Al año siguiente los árabes de Palestina y Siria usaron los Protocolos para despertar el resentimiento contra los colonos judíos en Palestina, sugiriendo que el establecimiento de un estado judío en Palestina promovería el avance de la “conspiración judía internacional”. Esta táctica de propaganda persiste en el Oriente Medio contemporáneo; las ediciones árabes de los Protocolos han sido ampliamente difundidas por fuentes sauditas oficiales, entre otras.

Debut americano

Los Protocolos fueron publicados en Estados Unidos por Boris Brasol, un ex fiscal del zarismo. El magnate del automóvil Henry Ford fue uno de los que respondieron a las fantasías conspiratorias de Brasol. “The Dearborn Independent”, propiedad de Ford, publicó una versión americana de los Protocolos entre mayo y septiembre de 1920 en una serie llamada “El Judío Internacional: el principal problema del mundo”. Los artículos fueron reeditados posteriormente en forma de libro con medio millón de copias en circulación en los Estados Unidos, y se tradujeron a varios idiomas extranjeros.

Hacia 1927 Ford había repudiado al “judío internacional”, pero cientos de miles de personas en todo el mundo habían sido alentadas por su respaldo inicial a aceptar los Protocolos como genuinos.

Los Protocolos y la Alemania nazi

Los Protocolos sirvieron para racionalizar el antisemitismo y el genocidio en la Alemania de Hitler. El mito de la conspiración del mundo judío impregnó el pensamiento de Hitler, y vinculó las dificultades económicas de Alemania durante los años veinte con el complot secreto. Una vez en el poder Hitler invocó los Protocolos para justificar la legislación antisemita y la supresión de toda oposición al Tercer Reich. Por ejemplo, la primera medida antisemita en abril de 1933, un boicot de un día de tiendas judías, fue considerada una defensa contra el “Plan de Basilea” (otro nombre para los Protocolos).

Reaparición contemporánea de los Protocolos

Antisemitas de todo el mundo siguen haciendo circular activamente los Protocolos. Ha aparecido en Japón – donde los bestsellers del antisemita Masami Uno los citan como evidencia de una “conspiración judía para dominar el mundo”- y en América Latina (incluyendo Argentina, Brasil, Chile, Colombia y Paraguay). El documento también es favorecido por extremistas de derecha estadounidenses como el Ku Klux Klan y Aryan Nations. La edición más común de los Estados Unidos fue publicada por la Cruzada Nacionalista Cristiana del agitador Gerald L. K. Smith.

Los Protocolos se ha convertido en una fuente importante de propaganda árabe e islámica. Entre 1965 y 1967, aproximadamente 50 libros sobre temas políticos publicados en árabe se basaron en los Protocolos o los citaron en ellos. En 1980, Hazern Nuseibeh, delegado jordano ante las Naciones Unidas, habló de los Protocolos como un documento genuino. En octubre de 1987 la Embajada iraní en Brasil distribuyó copias de los Protocolos, diciendo que “pertenece a la historia del mundo”.

Durante la década de 1980, grupos musulmanes vendieron el fraude en todo el mundo. Las Asociaciones de Estudiantes Musulmanes en la Universidad Estatal de Wayne en Michigan y en la Universidad de California en Berkeley difundieron el documento. Los grupos musulmanes negros americanos lo han vendido. Los Protocolos estaban a la venta en una exposición islámica en Estocolmo y en la Mezquita del Parque de Londres, y durante una conferencia de 1986 patrocinada por el Centro Islámico del Sur de California, los Protocolos fueron exhibidos de manera prominente. Basado en una “interpretación perversa” de los Protocolos, el gobierno saudí culpó a Israel por un ataque contra una sinagoga en Estambul en 1986.

Con Glasnost también ha habido una reaparición de los Protocolos en la Unión Soviética. Un libro soviético publicado en 1987 titulado “Sobre la Esencia Clásica del Sionismo” revivió insidiosos embustes contenidos en los Protocolos, e hizo referencias repetidas a los judíos que participaban en “esfuerzos constantes para ganar el control del mundo”. Se ha informado que se han leído secciones de los Protocolos durante las reuniones del movimiento nacionalista antisemita ruso Pamyat (Memoria).

Condena generalizada

Durante los últimos 60 años, impresionantes autoridades han atestiguado públicamente la fraudulencia de los Protocolos.

Hugo Valentín, profesor de historia en la Universidad de Upsala en Suecia, describió los Protocolos en su estudio de 1936, Antisemitismo, Considerado Históricamente y Críticamente como “el mayor fraude del siglo“.

El Padre Pierre Charles, Profesor de Teología en el Colegio de los Jesuitas en Lovaina, Francia, declaró en un ensayo de 1938: “Se ha demostrado que estos ‘Protocolos’ son un fraude, un torpe plagio … hecho con el propósito de hacer odiosos a los judíos…”

En 1942, varios historiadores prominentes, entre ellos Carl Becker de Cornell, Sydney Fay y William Langer de Harvard, y Allan Nevins y Cariton JH Hayes de Columbia, presentaron al Profesor John Shelton Curtiss “Una evaluación de los Protocolos de Sión” con el respaldo de sus hallazgos como “completamente destructivos de la historicidad de los Protocolos y como estableciendo sin lugar a dudas el hecho de que son falsas y perniciosas invenciones“.

En 1961 Richard Helms, entonces subdirector de la CIA, declaró en una audiencia del subcomité del Senado: “Los rusos tienen una larga tradición en el arte de la falsificación. Hace más de 60 años el servicio de inteligencia zarista inventó y vendió una fantasía llamada Los Protocols de los Sabios de Sión“.

En agosto de 1964, un subcomité del Comité Judicial del Senado publicó un informe en el que se repudiaban los Protocolos, a los que los senadores Thomas J. Dodd y Kenneth B. Keating añadieron lo siguiente: “Cada época y cada país ha tenido su ración de documentos ‘históricos’ que han sido impuestas a un público desprevenido por algún propósito maligno … Uno de los más notorios y duraderos de estos son los ‘Protocolos de los Sabios de Sión’ “.

Conclusión

En 1935, un juez suizo, que preside un juicio de dos nacionalsocialistas suizos acusados de hacer circular los Protocolos, escribió:

Espero que algún día llegue el momento en que ya nadie comprenda cómo en el año 1935 casi una docena de hombres plenamente sensatos y razonables pudieron durante catorce días atormentar sus cerebros ante un tribunal de Berna por la autenticidad o falta de autenticidad de estos llamados Protocolos. … que, por todo el daño que ya han causado y aun pueden causar, no son más que ridículas tonterías.

Lamentablemente, la esperanza del juez aún no se ha realizado por completo. Aún quedan esos antisemitas y sus voluntarias audiencias dispuestas a hacer circular y creer en esta fantasía del odio.

Fuente: Jewish Virtual Library – Traducción: Silvia Schnessel – Reproducción autorizada con la mención siguiente: ©EnlaceJudíoMéxico
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