La lección de Corea del Norte aplicada a Irán


Durante décadas Estados Unidos y la comunidad internacional han tratado de llegar a un acuerdo con Corea del Norte para convencer a esa nación de que cese su programa nuclear y de cohetes de largo alcance.  En el año 1994, durante la presidencia de Bill Clinton, Estados Unidos y Norcorea firmaron un acuerdo por el cual Norcorea congelaba su programa ilicito de enriquecimiento de plutonio a cambio de ayuda financiera.

 En el año 2003 Corea del Norte dijo que renovaba el desarrollo de armas nucleares.

 En el año 2005, durante la presidencia de George W. Bush, luego de largas conversaciones entre Corea del Norte, Estados Unidos, Rusia, China, Japon y Corea del Sur, Corea del Norte prometió abandonar su programa de armas nucleares.

En el año 2009, durante la presidencia de Obama, Corea del Norte anunció que abandonaba todos los acuerdos.

 Hoy, en el año 2017, durante la presidencia de Trump, Corea del Norte ya tiene bombas nucleares y cohetes de largo alcance.

 Si Clinton, Bush y Obama no hubiesen estado tan dispuestos a aceptar las falsas promesas de Corea del Norte y hubiesen actuado en forma decisiva (similar al de la destrucción de la planta nuclear de Saddam Hussein, realizada por el gobierno de Menajem Begin) hoy el mundo no estaría contemplando horrorizado la posibilidad de una guerra nuclear.

 Lamentablemente, el presidente Obama, enfrentado por los fanaticos clerigos de Iran, no aprendió de la mala experiencia de que los acuerdos con Corea del Norte estaban basados en mentiras y falsedades.

 El acuerdo de diez años con Iran no le impide desarrollar cohetes de largo alcance, y le permite reanudar, al final de esa decada, el desarrollo de armas nucleares. Tampoco no le prohibe continuar dando apoyo a organizaciones de terror en diversos paises, hacer una limpieza genetica de musulmanes sunnis en Siria, financiar a Hizballa y a Hamás. El acuerdo no menciona, y mucho menos critica, la amenaza iraní de “borrar del mapa” a Israel, (o como lo llama Irán “el ente sionista”).

 La semana pasada un alto funcionario iraní amenazó nuevamente destruir a Israel. Hace unos días Irán disparó un cohete que puede cargar multiples bombas y que tiene un alcance de 2,000 kilometros (la distancia de Irán a Israel es de 1,800 kilometros).

El anterior presidente de los Estados Unidos, Barak Hussein Obama, nunca escondió su antipatía hacia Israel y su convencimiento de saber más que los propios israelíes lo que es bueno para ellos. El acuerdo que firmó con Irán no exige la presencia de inspectores en Irán que visiten las instalaciones militares donde están desarrollando su programa nuclear. En contraste a lo que Obama dijo, (“el acuerdo da fin al programa nuclear iraní”), en realidad garantiza aceptar, al final de los próximos ocho años, que Irán se vuelva una potencia nuclear.

 El acuerdo de Obama con Irán no solo es “una vergüenza” como lo calificó Trump en su discurso en las Naciones Unidas, sino que demuestra un derrotismo del cual Neville Chamberlain podria haber estado orgulloso. O tal vez, hay quienes creen, un deseo subconsciente de que Israel desaparezca.

Es condenable que los funcionarios de una nación mientan, pero es mucho peor que lideres de otras naciones deliberadamente acepten esas mentiras.

Por Por David Mandel, Mi Enfoque #652, Israel
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