La pérdida de los valores éticos

“¿Por qué el chisme es como una lengua con tres púas venenosas? Porque mata a tres personas: al que lo dice, al que lo escucha y a la persona de quien se habla”. ( Talmud )

Por Susana Grimberg. Psicoanalista, escritora y columnista


                        El respeto por la privacidad el otro.

Quiero empezar mi nota, con la pregunta formulada por S. Freud: ¿Cómo es el proceso por el cual un individuo humano alcanza un nivel superior de eticidad?
Para mucha gente el hombre es bueno desde su nacimiento, y la sociedad es la responsable de corromperlo. Sin embargo, Freud considera que “las malas inclinaciones” son inherentes al hombre y, que sólo por la educación y el medio cultural, pueden serle desarraigadas y sustituidas por inclinaciones a hacer el bien.
Hoy en día, sorprende que se pueda añorar y provocar el mal, con tanta violencia. Es que no hay «desarraigo» alguno de la maldad. La esencia más profunda del hombre consiste en pulsiones (pulsión: correlato mental del instinto) que no son ni buenas ni malas en sí mismas, pero que la sociedad proscribe por ser malos, a los impulsos egoístas y a los crueles, impulsos muy primitivos, que tienen que andar un largo camino para ser inhibidos, es decir, conducidos hacia otras metas, de modo tal que el egoísmo pueda transmutarse en altruismo, y la crueldad, en compasión.

La sociedad no sólo no es un ente abstracto sino una creación del hombre, siendo el mismo hombre el que debería mejorar los lazos entre él y los demás, que nunca están de más aunque para algunos lo sean. De suma importancia es poder con-vivir con el otro, es decir, darle al otro su lugar.

                               Fanatismo político
Como escribí en otras oportunidades, para el psicoanálisis, las cuestiones sociales y políticas no son el decorado sobre el cual se desarrolla la escena del mundo sino que son el entramado de la red entre los sujetos.
Algunos profesionales, afectados por el fanatismo político, suelen proyectar sus propias patologías, sobre los pacientes que confiaron en ellos para hablar, sin censura alguna, sobre su vida. Proyectan e inventan sobre el proceder del otro, olvidando la frase que entre los niños y adolescentes suelen decirse que “El que lo dice, lo es y vos te lo merecés”, o “a palabras infecciosas, oídos penicilínicos” o “a palabras necias oídos sordos” pero, con la honestidad propia de un chico o de un adolescente de decírselo al otro, cara a cara, y no subrepticiamente como lo hizo del Carril que, en mi opinión, se equivocó de carril, condenando a sus pacientes y a la teoría psicoanalítica a una inesperada caída.
Del Carril, conjugando el Bien con la Verdad, recurrió al conocido método de la política del rumor, violentando al otro y dejándolo expuesto al publicar y dar a conocer el supuesto masoquismo anal, de los sujetos que votan por Cambiemos.
Me abstengo de dar nombres, pero son muchos los intelectuales y libre pensadores, que han votado a Cambiemos y no lo han hecho por convicción y por adherir a sus propuestas y, en mi opinión, por ningún goce anal. Qué es lo que la gente o lo que cada persona haga con sus genitales, poco y nada tiene que ver con la elección realizada.
Con respecto a este tema, considero muy importante rescatar la función del libre albedrío, tan vapuleado en nuestro tiempo. Si el hombre no posee la libertad de elegir, no es más responsable de sus actos que un león por comerse a su presa. Al final de cuentas, podríamos pensar que es sólo otro animal cuyas acciones están determinadas por sus instintos.
La Torá identifica al acto del libre albedrío con la vida misma: “He ubicado delante de ti la vida y la muerte, la bendición y la maldición, elige la vida” (Deuteronomio 30:19).
Isaac Bashevis Singer fue muy claro cuando le dijo a un entrevistador que el libre albedrío es el “mejor regalo” de la vida, un regalo que por sí mismo hace que valga la pena vivir.

             El explicación de Alejandro del Carril.
Alejandro Del Carril es psicólogo y, tengo entendido, que suele escribir para el diario Página 12. Hace unos días, le publicaron una nota titulada “Por qué los votan”, donde intentó explicar los motivos o el motivo por el cual la gente optó por Cambiemos.
Del Carril narra su experiencia de haber sido el psicoterapeuta o psicoanalista de dos militantes del PRO. Uno de ellos, luego de haber vivido en un país acosado por el narcotráfico y de haber estado preso, empezó a tener problemas en el ano y con el recto, de tal magnitud que tuvo que pasar por varias operaciones en esa zona. Del Carril, escribió, que al volver a la Argentina decidió afiliarse al PRO para agregar que, por simpatía y conveniencia laboral, decidió trabajar con los jerarcas del PRO que le habían prometido ascensos. “Tenía VIH y , de ese modo, le iba a ser posible el acceso a la medicación que necesitaba.
También, lo relacionó con dos pacientes, supuestamente analizados por él, con los lamentables sucesos acaecidos en el colegio Newman (al que asistió Macri), y sobre el que se supo, hubo casos de abusos sexuales a niños en la década del 70.
Del Carril, no se privó de decir que “Los abusadores sexuales suelen decir que los niños abusados deseaban esas prácticas. Lo cual puede ser cierto en algunos casos”. Solo esta frase merecería la actuación de la Justicia porque Del Carril afirmó que tanto el gobierno como sus aliados, apuntaban a los votantes que podrían haber sido abusados de chicos aunque, también a los más desamparados y violentados porque sólo gente en esas condiciones pudieron votar a Cambiemos y, por ende, a Macri. Esta nota, tuvo serias críticas no solo en las redes sociales sino por los psicoanalistas en general.
Plantear que el votante de Cambiemos, es la muestra del autosacrificio masoquista anal del votante argentino que, pese al sufrimiento, no duda en elegirlos, no tiene ningún asidero en la realidad. En verdad, es una muestra del desmentido perverso que guió sus propios actos a votar a un partido acusado de corrupción: “ya lo sé, pero aún así, los voto”.

Quiero concluir con estas reflexiones de José Ingenieros:

“La vulgaridad es el blasón nobiliario de los hombres ensoberbecidos de su mediocridad”.    

“Cuando las miserias morales asolan a un país, culpa es de todos los que por falta de cultura y de ideal, no han sabido amarlo como patria: de todos los que vivieron de ella sin trabajar para ella”.
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