Trump y Kim: El hombre-cohete y el viejo soso


Por Julián Schvindlerman

El presidente Donald Trump sorprendió al mundo entero días atrás al amenazar, desde el podio de la ONU, a Corea del Norte con la “destrucción total” y al referirse burlonamente al líder de la nación, Kim Jong-un, como “el hombre-cohete”. Posteriormente anunció nuevas sanciones contra aquél “régimen canalla y criminal”. Kim replicó que respondería con  “el nivel más alto de contramedidas de línea dura en la historia” y calificó a Trump de ser un hombre “mentalmente demente y un estadounidense viejo soso”. La expresión castellana viejo soso traducida del inglés dotard  tomada del coreano neukdari, resultó una rareza para muchos. Tal como Austin Ramzy notó en The New York Times, esa palabra apareció publicada en ese medio apenas diez veces en casi cuatro décadas y puede hallarse en la obra Mucho ruido y pocas nueces de William Shakespeare: “I speak not like a dotard nor a fool” dice un personaje allí. A las 6:30am Trump tuiteó su respuesta: Kim, aseguró, es “obviamente un loco al que no le importa hambrear o matar a su pueblo”.  

Si bien hubo una escalada verbal, la verborragia hostil de Pyongyang hacia líderes norteamericanos no es nueva. Barack Obama fue llamado “mono” y el ex presidente de Corea del Sur, Park Geun-hye, “víbora” y “prostituta”. La entonces Secretaria de Estado Hillary Clinton “no es para nada inteligente” informó la KCNA (el servicio de noticias estatal de Corea del Norte) mientras que su sucesor, John Kerry, fue tildado de “lobo” con una “horrible mandíbula de linterna”. George W. Bush, por su parte, era “un pollo empapado en la lluvia”. En julio pasado, el régimen norcoreano advirtió a Washington: “Su ruina final ya está sellada. Sólo hay una salida para los Estados Unidos, arrodillarse y pedir perdón”. En medio de esta tormenta de agresiones, la KCNA publicó una foto que muestra a Kim sonriendo junto a un grupo de funcionarios, al sol, en un campo de cultivos de frutas. Él porta gafas, viste un traje oscuro abotonado hasta el tope, mientras exhibe una manzana en su mano, como si estuviera posando en un cuadro impresionista. ¿El nuevo hombre-vegano?

Trump parece estar haciendo dos cosas aquí. Una, ser él mismo. El provocador de siempre, el escandalizador profesional, el impredecible nato. Dos, asustar. No tanto al régimen coreano como a sus aliados cínicos (China) y enemigos complacientes (Europa).  ¿Es casualidad, acaso, que al día siguiente China y Europa se hayan sumado sin miramientos a las nuevas sanciones impuestas por Estados Unidos? El siempre iconoclasta presidente norteamericano tiene razón en algo. La diplomacia tradicional aplicada sobre Corea desde los tiempos de Bill Clinton en adelante ha sido un fiasco. Hay que barajar las cartas de manera diferente. Poco dado a la sutileza, Trump prefiere sacudir el tablero. A su manera, está señalando a la familia de las naciones que las cosas no pueden seguir en piloto automático. Como él mismo ha dicho, “Ninguna nación en la Tierra tiene interés en ver a esta banda de criminales armarse con armas nucleares y misiles”. Sin embargo, ni Rusia, ni China ni Europa han estado haciendo algo serio al respecto.
Aquí entran los Estados Unidos de Trump, con anuncios de que está dispuesto a todo y a cualquier cosa. Es una apuesta arriesgada. El presidente deberá calibrar cuidadosamente hasta dónde estirará su retórica amenazante, a) sin llegar a arrinconar peligrosamente a Kim Jong-un y b) sin hacer el ridículo; como cuando anunció el pasado abril el envío hacia la península coreana de una flota compuesta por un  portaaviones, dos destructores y un crucero y en realidad las embarcaciones militares estaban navegando en dirección opuesta.  

Corea del Norte subió la apuesta y amenazó con hacer explotar una bomba de hidrógeno sobre el océano pacífico. Si llegara a hacerlo, la Casa Blanca tendrá que actuar con determinación. Así, Trump quedaría enfrentado a una situación similar a la que atravesó Obama con su línea roja relativa al uso de armas químicas en Siria. Sólo que el peligro para la paz y la seguridad mundial ahora es mucho mayor. Obama fracasó entonces. Trump no tendría margen para hacerlo ahora.

Fuente: Infobae
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