Inconsistencias y perversiones del lenguaje en torno a la shoá


Puntualizar y precisar el significado de las palabras es nuestra responsabilidad como maestros y transmisores, entendiendo por responsabilidad la cualidad de aquel que es capaz de responder a sus compromisos. Pedro R. Rueda señala en su poesía El Misterio de la Palabra: “La existencia del hombre depende en gran parte de la palabra; /sin ella es un ser incompleto /un ser sin mundo, /un no ser de la palabra; /es un no existir / un llegar a no poder reconocerse hombre, / un ignorar que existe y para qué existe”.

El término holocausto proviene del griego holókauston. Holos: todo, completamente; y kausto: quemado. Es decir que holocausto significa: sacrificio totalmente quemado por el fuego. En hebreo: korbán olá: sacrificio de animal cuyo humo al quemarse se eleva por completo al cielo. A partir de lo ocurrido durante la Segunda Guerra Mundial, el término describe el exterminio sistemático, planificado por los nazis, de aproximadamente seis millones de judíos europeos junto a millones de seres en la asolada Europa.

La pregunta sería: ¿es este vocablo correcto para subrayar una desgracia enorme, ocurrida tanto al pueblo judío como a otros colectivos, entre ellos, gitanos, discapacitados, homosexuales, católicos y comunistas que sumarían casi nueve millones de seres humanos todos estos sacrificados a Dios?

El vocablo Shoá aparece a lo largo del Tanáj* en trece oportunidades*. De acuerdo con Amós Jajám* el término Shoá sería polisémico. Tormenta o tempestad como en Proverbios I, 27; aflicción y destrucción en Salmos XXXV, 8 y desierto en Job XXXVIII, 27. Asimismo Yehudá Kil* sostiene que el primer significado de esta palabra sería: nube pesada, y de aquí su calco lingüístico, que emerge como pena o desgracia que acontece repentinamente. La referencia a la suerte de los judíos en Europa bajo la dominación nazi con el término Shoá surgió prematuramente. Un mes antes de que Hitler fuera nombrado canciller alemán en marzo de 1933, vio la luz en el periódico Davár* un artículo cuyo título era Bisheát hashoá laiahadút haguermanít, en la hora de la Shoá para la judeidad alemana. Dos semanas después de haber estallado la guerra, en septiembre de 1939, apareció un editorial, en el mismo periódico, donde se exponía: “shoát polín od lo nitgaltá leeineínu bejól morotéa” y continuaba “shoá majridá iardá al miliónim shel iehudei polín, shoá haolá behekeféa ubemorotéa al kol hanisionót ashér nitnasénu bahém bashaním haajaronót”.

La Shoá en Polonia aún no se nos reveló con todo su horror. Una Shoá atemorizante que amedrenta, intimida y acobarda cayó sobre millones de judíos polacos. Una Shoá que supera por sus dimensiones y horrores a las pruebas a que nos vimos sometidos en los últimos años.

En la primera edición del nuevo diccionario hebreo “Milón Hejadásh” de Abraham Even Shoshán (1) de 1970 no aparece escrito “Ha/shoá”, es decir el sustantivo acompañado del artículo determinante: la hei de la definición. Sólo en ediciones posteriores se puede encontrar HA/shoá, otorgándole así una enorme fuerza y una poderosa dimensión a lo que fue el resultado de la llamada solución final, jissúl haám haiehudí, el exterminio del pueblo judío. Dentro de la literatura de la Rusia Soviética, el término utilizado para hablar de la Shoá fue “catastrophe”. Escritores como Uri Tzvi Grinberg* expresaron su repudio por la palabra Shoá enunciando que era una voz pobre, infeliz, mentirosa y falaz. Según Grinberg esta palabra expone una desgracia inesperada que no puede ser impedida o reprimida, como si pudiera compararse con una catástrofe natural. El Rabbí Pinjas Alter* sostuvo también que el término Shoá no era adecuado y según su opinión, en el Tanáj, aparecía como un castigo que alcanzaba a los malvados. Este erudito propuso el término akedá, - entendido aquí como sacrificio que no llegó a consumarse por temor reverencial y abnegado, en lugar de Shoá- aludiendo al sacrificio de Itzják. (Génesis, XXII).

El poeta Meir Wizeltir* escribió acerca del vocablo Shoá, en su poema Milím (palabras): Me haitá hamilá shoá / shnatáim lifné Hashoá?/ hi haitá milá leráash gadól/ Máshehu im hamulá. ¿Qué era la palabra Shoá, /dos años antes de la Shoá?/ Era la palabra para significar un gran ruido/ Algo estrepitoso, atronador.

W. Churchill utilizó el término Shoá en 1929 para hablar del genocidio armenio. Cabe destacar que el término genocidio aún no existía pues fue creado en 1944 por el jurista polaco, de origen judío, Rafael Lemkin. El vocablo Shoá comenzó a implementarse en publicaciones judías escritas en inglés en la década de 1960 y su uso se extendió a partir de 1985 con la proyección de la película del cineasta francés Claude Lanzmann. En yiddish, la Shoá es conocida con el término “Júrbn”: destrucción, en alusión a las destrucciones del Primero y del Segundo Templo: “jurbán batei hamikdásh, harishón vehashení”. Esta denominación tendría un sentido teológico. La imperiosa necesidad de no repetirse. Primo Levi (2) en una entrevista que le realizara Marco Belpoliti* señaló: “Entre paréntesis, nunca me ha gustado la palabra Holocausto. No me parece un término apropiado, es retórico y, sobre todo, erróneo. Representó un punto de no retorno en términos de proporciones, sobre todo de recursos, porque por primera vez en tiempos recientes el antisemitismo se convirtió en un proyecto planificado y organizado a nivel de Estado, no por influjo de un consenso tácito, como había ocurrido en la Rusia de los zares; esto, en cambio, era un acto de voluntad. No había escapatoria posible, toda Europa se convirtió en una enorme trampa”.

El nazismo fue un movimiento de masas con gran aceptación social, en el cual el sistema primó. Dentro de la masa, dos individuos se asimilarán a un tercero e ineludiblemente asomará un cuarto que será discriminado, segregado, aplastado, y finalmente exterminado. Toda la despersonalización del pueblo judío se llevó a cabo asistida por un consejo provisto de gran autoridad, que desarrolló una puesta en escena teatralmente perfecta con decorado propio y argumentos sólidos que todos podían comprender. Las representaciones, aún después de desarmadas, lograron instilar en la conciencia popular la figura del chivo emisario, el cual ya aparece nombrado en Levítico XVI,10.

Dentro del nazismo, una de las herramientas utilizadas para lograr la despersonalización del pueblo judío fue el lenguaje, que traspasó el horror desbordando los límites grupales. Primo Levi vio y sintió este cruce como irremediable. Este lenguaje se convirtió entonces, en un lenguaje de eliminación. Los sobrantes, léase pilas de cadáveres, se convirtieron en desechos; al ser carbonizados, podría decirse que se convirtieron en nada.

La nada: término articulado como una elipsis, del español antiguo ren nada: ninguna cosa, en que la voz nada se ha tomado de la expresión omne nado: nadie, podría ser utilizado como eufemismo. El nazismo acuñó una técnica lingüística que sirvió para disimular y encubrir lo que ocurría realmente, frente al mundo y frente a todo el pueblo alemán. Pero la verdadera finalidad de este recurso que regaba el idioma alemán y se conoce como eufemismo, era ocultar los hechos y así, engañar a las víctimas: evitar que pudieran comprender la política de aniquilación puesta en marcha. Viktor Klemperer (3) en su libro LTI, (Lengua del Tercer Reich), comentó que en la Alemania Nazi el lenguaje pasó de ser lenguaje de grupo a ser lenguaje de pueblo y se apoderó de la cotidianeidad, del arte, de la política, del deporte, de la economía, y de la jurisprudencia. El nazismo, al desvirtuar el idioma, modificó con premeditación y alevosía el pensar, el sentir y el hacer del pueblo alemán.

George Steiner (4) sostuvo que el lenguaje nazi redujo al alemán a “un lenguaje abstracto, puramente simbólico, que no registró objeción alguna de lo real”. Asimismo Klemperer señaló que el lenguaje resistió, al igual que el pueblo, una militarización y una mecanización premeditada. Es así como el régimen nazi invirtió el valor de las palabras al convertir en positivos, términos inicialmente utilizados en forma despectiva, tales como fanatismo y obediencia ciega, entre otros. De la misma manera que optaron por el sentimiento en detrimento de la razón, utilizaron eufemismos con el propósito de desnaturalizar la realidad. Algunas veces lo hicieron mediante el uso de sinónimos y otras, a través de la asignación de estereotipos repetitivos a sus oponentes. Por ejemplo, se hablaba de “tratamientos especiales” para referirse a los asesinatos en las cámaras de gas, “de solución final” en lugar de exterminio. Las víctimas eran designadas, figuren (marionetas), schmattes (trapos) o stück (trozo o pieza). El mismo régimen creó un vocablo, sprachregelung, utilización del idioma a los fines del régimen, el cual articulaba el uso del idioma para sus propios fines. El nazismo desplegó un método de organización del discurso que reprodujo la ideología del Tercer Reich adueñándose del idioma y así logró quebrantar la relación existente entre el significante y significado, entre el sonido y su imagen acústica en términos de Ferdinand de Saussure (5).

Para el nazismo sus opositores eran meros pedazos de carne. Nunca mejor utilizado aquí, para ellos, el término in-significante pues carecía del componente material, denominado significante en lingüística estructural, cuya función es respaldar la representación mental o el concepto que concierne a la imagen fónica. Los judíos dentro de la calificación racial nazi fueron denominados untermenschen, subhumanos o subhombres, ya que desde la misma lengua no eran reconocidos como seres.

El lenguaje del nazismo fue denominado por algunos autores como la lengua del infierno, en hebreo y en yiddish gueheinóm. Este vocablo está compuesto de tres términos: gai = valle, ben = hijo, Heinóm = nombre propio de persona, es decir: el valle del hijo de Heinóm. Aparece por primera vez en el Tanáj, en el libro de Josué: XV, 9 al describir los límites de las tribus de Judá. Gueheinóm era el nombre de un cauce profundo en el límite sudoeste de la ciudad antigua de Jerusalem. Más tarde, en este lugar, el rey de Judá, Manasés, (Menashé), hizo colocar altares sobre los que mandaba a sacrificar niños al dios Moloch. Esta costumbre enojó a muchísimos profetas y a ella se debe la significación de infierno. También aparece este término en el libro de Nehemías: XI, 30, al describir la división de parcelas, otra vez como indicador geográfico. En la época talmúdica este término pasó a tener la connotación de lugar donde irían los malvados después de su muerte, en contraposición al Gan Eden, Jardín del Edén.

El lenguaje, asimismo, puede ser utilizado como instrumento de dominación. Primo Levi afirmará que “con la palabra se pueden crear mundos de fantasía y también de libertad, pero en boca de regímenes totalitarios y de dictaduras se crean mundos de perversión. Se violentaban los dialectos, se trataba de purificar el idioma, se hacía abuso de algunos términos como por ejemplo del adjetivo vöilkish, nacional popular, que se hallaba cargado de arrogancia nacionalista y aparecía en forma oral o escrita en todo lugar posible”. (página85)

Otro aspecto interesante a tratar es la comunicación cuando ésta se torna fallida. Nos referimos a aquellos hombres que durante el régimen nazi tuvieron, además, “una barrera lingüística”, tal cual lo expresado por Primo Levi en el capítulo IV de su libro Los hundidos y los salvados: “no me daba cuenta, y sólo más tarde lo entendí, de que el alemán del Lager (campo) era una lengua aparte: para decirlo precisamente en alemán, era orts und zeitgebunden, ligada a un lugar y a un tiempo. Era una variante, particularmente bárbara, a la que un filólogo judío alemán, Klemperer, había llamado Lengua Tertii Imperii, la lengua del Tercer Reich, proponiendo las siglas de LTI, en analogía irónica con las otras cien EN LNSDAP, SS, SA, SD, KZ, PKPA, WVHA, RSHA, BDM,* que tanto abundaban en la Alemania de entonces.”(Páginas 84, 85).

Para los italianos y los griegos era una de las principales causas de ejecución sumaria, comparado con otros grupos.” La mayoría de los italianos como yo, afirmó Primo Levi, murieron en los primeros días por no poder comprender las órdenes. Nos gritaban, nos la repetían una sola vez y ya está, después arreciaban los golpes… A mi modo de ver, entre las primeras causas de tantos naufragios en el Campo, la lengua, el lenguaje encabezaba la lista”.

Los valores, se hallan ocultos detrás de las palabras. Esto genera conductas de las cuales dependen la forma de vida y las actitudes de las personas. En síntesis, aportan otros significados, otros simbolismos. El historiador Vidal Naquet expresa en una de sus obras que al utilizarse el sistema de cámaras de gas nadie mataba a nadie, nadie se hacía responsable. Esta imposición se convertía en anónima.

El silencio es también una acción que se debe escuchar y a la vez también oculta alusiones. Los griegos consideraban la palabra como divina, por eso valoraban el silencio. Dentro del mundo griego, específicamente de Homero, el skeptron, cetro en español y shévet o maté en hebreo, era el símbolo del derecho a hablar, el derecho a hacer callar y el derecho a juzgar”. En el campo de Mauthausen, situado en Austria, el látigo de goma con que los guardianes azotaban fue llamado dolmetscher: “el intérprete”, el entendido por todos. La lengua se constituye en un arma muy potente con la cual perpetramos acciones violentas y la violencia como valor, inunda e impregna el lenguaje y este valor se afirma en las personas. Las palabras poseen gran fuerza y dejan una impronta dentro de los individuos que las pronuncian. El vocablo Shoá no refiere a ningún sacrificio humano, sino a un completo cataclismo o devastación. Si se optara por utilizar el término júrbn en lugar de Shoá, estaríamos adoptando una posición. Apuntaríamos a que lo ocurrido- equiparándolo a las destrucciones del Primer y del Segundo Templo- fuera acompañado del adverbio jamás ya que como mencionamos anteriormente, Shoá es un término que refiere al sustantivo desgracia aquí acompañada por el adjetivo imprevista y que no podría ser impedida o reprimida, como si pudiera compararse con una catástrofe natural.

Deberíamos evitar que el vocablo Shoá reemplace a júrbn, pues como aparece escrito en Proverbios XVIII 21: “la muerte y la vida están en manos de la lengua” Mávet vejaím beiád halashón.


Bibliografía

1 Even Shoshán, Abraham, Hamilón hejadash Hotzaát Kiriat Sefer, Jerusalem 1969.
2 Levi, Primo, Los hundidos y los salvados, Editorial Biblos, Barcelona, julio, 2000
3 Klemperer, Víctor (2001): “LTI. La Lengua Del Tercer Reich”. Barcelona: Ed. Minúscula. 3 Steiner, George, La poesía del pensamiento, Siruela, Madrid, 2012.
4 Steiner, George, La poesía del pensamiento, Siruela, Madrid, 2012.
5 Saussure, Ferdinand de, Curso de Lingüística General, Losada, Bs. As, 1986.

Otra bibliografía

Mandelkern, Salomón, Concordantiae, Konkordantzia latanáj, Schoken, Tel Aviv, 1977.
Corominas, Joan, Breve Diccionario Etimológico de la Lengua Castellana, Gredos Madrid, 1990.

Citas

Tanáj: Sigla hebrea: la “tav” de Torá (Pentateuco); la “nun” de Neviím, (profetas); y la “jaf sofit” de Ktuvim, (escritos). Con esta sigla se designan a los 24 libros que componen la Biblia hebrea.
Shoá: Isaiás XLVII, 11/ Salmos XXXV, 8/ Tzefaniá,I, 15/ Job XXX,3/ Job, XXX,14/Job XXVIII, 27
Beshoá: Salmos, XXXV, 8
Keshoá: Proverbios I, 27
Kashoá: Ezequiel XXXVIII, 9
Leshoá: Salmos 63,10
Uleshoá: Isaiás X, 3
Umishoát: Proverbios III, 25
Mishoeihém: Salmos XXXV,17
Jajám, Amós: (1921-2012) ganador del primer certamen del Jidón hatanáj.
Kil, Yehudá (1916-2011) ganador del premio Israel en 1992 y del premio Harav Kuk en 1984.
Davár: Periódico hebreo publicado durante el mandato británico en Palestina (1925-1996).
Grinberg Uri Tzví (1896 - 1981) poeta, periodista y político israelí.
Alter, Pinjas Menajem (1926 –1996).Rabino jasídico de la dinastía Guer
Wizeltir Meir: poeta y traductor israelí.
Belpoliti Marco: escritor y crítico literario italiano.
SS, SA, KZ: algunas siglas o abreviaturas existentes dentro del régimen nazi
SS: Sigla de Schutz-Staffel (escuadras de protección), organización nacionalsocialista alemana encargada, del servicio de seguridad y además desde 1941, de los programas de ejecuciones masivas que pusieron en marcha la denominada “solución final”, que dejó de existir poco antes de la derrota final de la Alemania nazi, en 1945.
SA: Sturm Abteilung sección de asalto, cuyos miembros eran conocidos como Camisas pardas, nombre de una organización de seguridad del Partido Nacionalsocialista Alemán del Trabajo.
KZ: Abreviatura de Konzentrationslager: campo de concentración

Fuente: CJL
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