Los judíos en Venezuela. Un lugar cada vez menos seguro para vivir


La crisis política, social y económica forzó el desplazamiento de miles de personas hacia otros países. La comunidad judía no fue la excepción y muchos han optado por Israel como su nuevo hogar.

Por Luciano Stilman, especial para Comunidades

Con el correr de la crisis que golpea severamente a Venezuela decenas de miles de ciudadanos comenzaron a emigrar escapando de la persecución, la inseguridad, la escases y en la búsqueda de un futuro próspero. Los destinos fueron variados: muchos eligieron Estados Unidos y América Latina, mientras que Israel fue el lugar de refugio para una gran cantidad de integrantes de la comunidad judía.

Samy Yecutieli, padre de tres hijas, fue uno de los tantos judíos venezolanos que tomó la decisión de irse con su familia al Estado hebreo. Hace poco más de dos meses su nuevo hogar es Kfar Saba, lejos del clima tropical del Caribe, a más de 10.000 kilómetros de lo que hasta hace pocas semanas era su lugar en el mundo.

A pesar de la aparente calma que desde hace unos meses se reproduce en los medios de comunicación, la situación sigue siendo crítica: “Es muy grave y con tendencia a empeorarse. Cada día es peor es que el anterior, y eso lo venimos diciendo desde hace varios años. Percibo una situación anárquica porque hay ausencia de normas, jerarquías, autoridad y Gobierno. Se vive bajo la ley de la selva, la ley del más fuerte”, reconoció Samy en diálogo con Comunidades.

Elías Farache es presidente de la Confederación de Asociaciones Israelitas de Venezuela (CAIV) desde el mes de julio, cuando la crisis en el país caribeño crecía sin cesar y en las calles se vivían protestas constantes, represión, muerte y desesperación. “La situación que vivimos actualmente es de incomodidad”, explica Farache. Aunque la violencia entre manifestantes y fuerzas de seguridad bajó su intensidad, todavía “la tensión política, las dificultades económicas y el clima de poca comprensión entre los actores políticos” es “desagradable”.

“El aparato económico del país y las actividades laborales están muy deprimidas y ello contribuye a cierta depresión generalizada”, recalca.

La democracia no existe

“Estamos en una dictadura, el poder está concentrado en una élite y se ejerce arbitrariamente en beneficio de la minoría que la apoyan”, fue contundente Samy al analizar al Gobierno de Nicolás Maduro.

Por su parte, el presidente del CAIV explicó, siempre con cautela por su posición dentro de la organización la cual ha tenido varios encuentros con integrantes del Ejecutivo, que “los derechos humanos y las libertades básicas están teóricamente garantizados, y es el espíritu de las leyes y disposiciones.  Pero cuando los temores y la violencia se desbordan, cuando no hay respeto entre los adversarios políticos, ideológicos… Entonces las excepciones se pueden convertir en la regla”.

Justamente, hablando de la violencia y la falta de libertades, Samy, ya radicado en Israel, no tuvo dudas: “Vemos la ausencia de autoridad. El año pasado hubo 27.500 asesinatos violentos. Los criminales tienen un total desprecio por la autoridad, hay un promedio de más de 1 policía muerto por día. La probabilidad que esos crímenes sean castigados es muy baja, y eso nos lleva a unos altísimos niveles de impunidad”.

La propaganda pro palestina en los medios y la posición del Gobierno de Maduro

“Mi percepción es que en Venezuela hay muchos árabes musulmanes en posiciones claves, empezando por el vicepresidente (Tareck El Aissami) y siguiendo por el fiscal general (Tarek William Saab), y junto con ellos una larga lista de funcionarios”, explica Samy, especialista en temas de seguridad.

Justamente, el vicepresidente de Venezuela fue señalado por el Centro Simon Wiesenthal por estar estrechamente vinculado con el movimiento terrorista Hezbollah, Irán y la familia del presidente sirio Bashar Al Assad. En un escrito, el centro denunció que El Aissami fue uno de los intermediarios entre Argentina e Irán para llevar a cabo el plan para camuflar el atentado terrorista contra la AMIA, que su posición le asegura al régimen iraní “continuar accediendo a la violencia terrorista en América Latina”, y que posee “odio hacia Israel y los judíos”.

“En el canal del Estado se percibe mucha programación pro palestina muy sesgada. La tendencia es preocupante”, recalcó Samy.

Farache aseguró que no se vive un clima de antisemitismo en las calles, pero sí de “antisionismo”. “Los medios afectos al oficialismo tienen posturas adversas a Israel en forma ilógica y desmedida, básicamente, por una especie de tarifados”.

A su vez, reconoció que “la falta de relaciones diplomáticas con Israel nos incomoda para todo el tema de visas, y por un tema ideológico: somos una comunidad muy identificada con Israel y sionista”.

“Las relaciones de Venezuela con países muy adversos a Israel, como Irán y Siria, nos resulta también desagradable”, aclaró Farache quien a su vez fue muy crítico de las voces oficiales: “La postura del Gobierno en contra de Israel, por declaraciones o condenas en foros internacionales, nos molesta y expresamos públicamente nuestra inconformidad”.

El traslado hacia Israel

“Mi migración fue un proceso, planificado. Hace 3 años estuve en Israel durante 3 meses viendo opciones, pero mi esposa no estaba todavía convencida. Volví a Venezuela, la situación iba empeorando de manera importante y con los niveles de desabastecimiento, de inseguridad, de incertidumbre, mi esposa llegó a la conclusión que era hora que nuestras hijas (15, 12 y 8 años) crezcan en otro lugar, donde exista prosperidad”, contó Samy con un tono más calmado, encontrando esa paz y tranquilidad en una nueva tierra, la tierra de Israel.

La migración de Samy es uno de los tantos casos de integrantes de la comunidad judía venezolana, justamente él es “el último que quedaba” de su familia. “Por parte de mi esposa quedan algunas personas pero con tendencia a salir. Desafortunadamente la comunidad tiende a irse de manera importante”.

La nueva vida en el Estado hebreo

En pocas su vida y la de su familia cambió por completo. A pesar que su esposa e hijas no tienen el idioma, rápidamente pudieron adaptarse, encontrar un departamento donde vivir, comenzar a estudiar y soñar con un futuro.

“Yo tengo la ventaja de tener el idioma, familia aquí, y conozco la cultura israelí. Estamos muy contentos y satisfechos que en un tiempo relativamente corto nos estamos insertando. Venimos de un país de tantas complicaciones, donde no hay nada en el supermercado, la inseguridad es altísima, que cuando llegas aquí se te abre el corazón, ves todo de manera muy positiva”, cuenta con ánimos de esperanza.

Lo que queda de la comunidad judía en Venezuela

“Los judíos en Venezuela viven la realidad del país como todos los ciudadanos.  Nos afecta la inflación, la inseguridad y el tenso clima político.  La devaluación de la moneda y la parálisis económica es muy sentida por la clase media profesional, a la cual pertenece la gran mayoría de los miembros de la comunidad”, detalló el titular del CAIV.

A pesar de la crisis y la violencia, resaltó que todavía “la infraestructura comunitaria la mantenemos intacta y en funcionamiento. Colegios, sinagogas, club, actividades, ayuda social siguen sus actividades en forma normal”.

Aunque reconoce que en Venezuela los judíos “expresamos libre y públicamente nuestra fe sin ningún temor” y que “la vida judía es plena y respetada por todos los sectores del país, incluido el Gobierno”, el éxodo de judíos venezolanos ya se hace notorio: “Los miembros de la comunidad que se han ido están en la misma proporción de todos los sectores de la sociedad venezolana que ante una crisis buscan nuevos horizontes. Tenemos una disminución de familias jóvenes, que nos afecta porque son la base más activa de la comunidad, y que por motivos de superación profesional y mejoras económicas, han dejado el país y la comunidad”.

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