Centenario de la Declaración Balfour: Nada por lo que disculparse


Por Julián Schvindlerman

Los palestinos han estado reclamando una disculpa oficial británica por la Declaración Balfour, emitida cien años atrás este mes. En su lugar recibieron estos pronunciamientos públicos de parte de las máximas autoridades del Gobierno de Su Majestad. “Estamos orgullosos de nuestro papel pionero en la creación del Estado de Israel”, dijo la Primer Ministro Theresa May en una cena en Londres que conmemoraba el 100 aniversario de la declaración, y condenó la “nueva y perniciosa forma de antisemitismo que usa la crítica a las acciones del gobierno israelí como una despreciable justificación para cuestionar el derecho de Israel a existir”. El Ministro de Relaciones Exteriores Boris Johnson aseguró en una sesión parlamentaria que la Declaración Balfour “allanó el camino para uno de los mayores triunfos políticos del siglo XX, la creación del Estado de Israel” y calificó el establecimiento del estado judío como “un logro increíble para la humanidad”.

Pero si los palestinos querían una disculpa debían haberla exigido también a los Estados Unidos, Francia, Italia, China y Japón, entre otras naciones que se manifestaron en aquél entonces abiertamente a favor de la causa sionista. Aun mucho antes de la Declaración Balfour, grandes personalidades internacionales se habían expresado con elogios hacia la idea sionista, la que todavía no se había cristalizado políticamente. Como Yoram Hazony recopiló en El Estado judío: la lucha por el alma de Israel, en el siglo XVIII, con su ejército a las puertas de Jerusalem, Napoleón Bonaparte anunció: “¡Israelitas levantaos! Ahora es el momento… de reclamar vuestra existencia política como una nación entre las naciones”. El presidente estadounidense John Adams exclamó: “Realmente les deseo a los judíos en Judea una nación independiente”. Jean-Jacques Rousseau postuló: “Nunca creeré haber seriamente oído los argumentos de los judíos hasta que tengan un estado libre”. Tras una visita a Palestina a fines del siglo XIX, el Káiser alemán dijo a Theodor Herzl: “Los asentamientos que he visto, los alemanes así como también los de su propio pueblo, pueden servir de muestras de lo que puede hacerse con el país. Hay lugar aquí para todo el mundo”. Con el sionismo ya marchando en el siglo XX, incluso un arabista como T.E. Lawrence decía que este movimiento era “un esfuerzo consciente, de parte del pueblo menos europeo en Europa, de confrontar contra la deriva de los años, y regresar una vez más al Oriente del cual vinieron”. Así ponderó al Israel renacido el afamado escritor argentino Jorge Luis Borges: “¿Qué otra cosa eras, Israel, sino esa nostalgia, sino esa voluntad de salvar, entre las inconstantes formas del tiempo, tu viejo libro mágico, tus liturgias, tu soledad con Dios?”.

No solo Londres ni nadie debería ofrecer una disculpa al pueblo palestino, sino que sus líderes deberían considerar dar ellos mismos una por las acciones de sus antepasados. ¿Acaso no se alió el Gran Muftí de Jerusalem con Adolf Hitler durante la Segunda Guerra Mundial? ¿Acaso no lanzaron los líderes políticos árabes pogromos contra las comunidades judías en Palestina en la época del Mandato Británico? ¿Acaso no iniciaron en 1947 una guerra de agresión que violentó la resolución de Partición de las Naciones Unidas, con el fin de -como acotó de Ruth Wisse- echar al mar a un pueblo que acababa de ser echado a los hornos? Este mismo extremismo se expresa también en la actualidad cuando los líderes palestinos nombran plazas, calles y escuelas en honor de famosos terroristas y rinden tributo a sanguinarios dictadores de la región. Apenas el mes pasado, como mostró MEMRI, la Autoridad Palestina inauguró un monumento a Saddam Hussein en Kalkilya con un eslogan pintado que dice “Palestina del Río al Mar”.

Cien años atrás, Gran Bretaña oficializó una política pro-sionista arraigada en el reconocimiento del vínculo histórico del pueblo judío con la Tierra de Israel. Tal vínculo era ampliamente alabado por personalidades ilustres de la época. La Declaración Balfour fue justa, y Theresa May merece ser aplaudida por rechazar las protestas indignadas de los líderes palestinos contemporáneos. “Cuando algunas personas sugieren que debemos disculparnos por esta carta”, afirmó la premier, “yo digo absolutamente no”. Chapeau.

Fuente: Times of Israel
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