EN MEMORIA DE ITZJAK RABIN. RECUERDO Y ADVERTENCIA



Por Jana Beris

Este sábado por la noche, 4 de noviembre, exactamente 22 años después del asesinato del Primer Ministro de Israel Itzjak Rabin,la plaza que desde entonces lleva su nombre, vuelve a recordar, honrando la memoria de quien fue uno de los grandes estadistas de la nación. No pensaba en las próximas elecciones, sino en las próximas generaciones.
Pasa el tiempo, crece una generación que no vivió cuando Rabin estaba al frente del timón o que era demasiado joven para recordarlo, y es imperioso , justamente en el aniversario del magnicidio, refrescar la memoria. Y ello es especialmente necesario dado que los destinos de Israel los rige hoy una coalición de gobierno cuya política no sólo difiere de la de Rabin sino que incluye miembros que le condenaron duramente por su línea con los palestinos. Eso incluye sectores de los cuales salieron también quienes azuzaron en su contra, con pronunciamientos y protestas que excedían el legítimo derecho a criticar.
Rabin no era un santo. Era un político de carne y hueso, un ser humano que aunque motivado por una gran visión, podía equivocarse. Recordarlo y honrar su memoria, no significa idealizarlo. Era legítimo discrepar con su política, sea por consideraciones ideológicas o prácticas. Pero no era legítimo incitar contra él como se lo hizo, con políticos y activistas de la entonces oposición de derecha participando en manifestaciones en las que lo llamaban de traidor y lo vestían con uniforme nazi.
Los jóvenes que crecieron sin él no sólo deben saber que Rabin fue asesinado, sino conocer la antesala de ello: la terrible incitación que creó una atmósfera en la que el terrorista Igal Amir disparó, seguro de que estaba cumpliendo una misión sagrada que salvaría al pueblo de Israel . Lo dijo el propio asesino la noche de su crimen, en el primer interrogatorio: mató a Rabin porque hubo rabinos, autoridades religiosas, que declararon que sería legítimo hacerlo. Ejemplos extremos, claro está, pero suficientes para preparar el terreno para ello. Sin ello, probablemente el asesinato no habría sido cometido.
También deben saber que Rabin fue asesinado porque quisieron frenar la vía política que había elegido. Igal Amir no esperó a las urnas. Optó por la inaceptable vía de violar el mandamiento sagrado de “no matarás”, llevando una “kipá” sobre su cabeza, lo cual multiplica la gravedad de su crimen.
Hoy en día, nos consta que hay escuelas o liceos, inclusive en sectores considerados laicos en la cosmopolita Tel Aviv- o sea no necesariamente en zonas o segmentos de la población considerados más conservadores- donde esta semana dijeron a los alumnos que el tema en el día recordatorio no es el asesinato de Rabin, sino el mensaje de unidad. Es un craso error. Tratar de lograr la unidad del pueblo es un hermoso fin, loable por cierto. Pero esconder la verdad no es la forma de lograrlo. Bregar por la unidad está perfecto, pero sin barrer debajo de la alfombra el recuerdo del asesinato y su prólogo, que ante todo deben servir de advertencia.
Es que la única unidad posible, cuando hay dos propuestas políticas distintas respecto a cómo lograr la paz, es la de los valores supremos que deben ser común denominador en toda democracia, como el “no” rotundo a la violencia como forma de dirimir las discusiones.
Aunque a grandes rasgos percibimos la situación como la visión de izquierda contra la de la derecha, la situación en la práctica es más compleja. El propio Rabin no era de izquierda en el sentido ideológico de la palabra. Era un “duro” en temas de seguridad, que precisamente por haber participado en guerras y por haber visto lo peor, llegó a la conclusión de que hay que intentar convertir al enemigo en un nuevo socio. Y que en aras de ello, si se lo logra, vale la pena hacer concesiones territoriales.
Claro está que no se actúa en un vacío. El tema no es solamente la meta ideal sino cómo se la alcanza con los interlocutores posibles en la realidad. Estamos convencidos de que los vecinos, por decirlo delicadamente, no ayudan.
Pero ese no es hoy el tema de este análisis.
Hoy, queremos honrar la memoria de aquel gran estadista que quiso cambiar la vida de Israel para siempre, no sólo en lo relacionado a la búsqueda de la paz con los palestinos, sino también en temas de orden interno en los que tuvo un aporte valiosísimo. Y parte del homenaje debe ser la advertencia a que no se vuelvan a cometer los mismos errores, que nadie ose presentar como ilegítimos a quienes piensan que un mejor futuro para Israel pasa por un acuerdo con los palestinos. Que ese acuerdo hoy no parece al alcance de la mano, también es parte de la realidad, claro que sí. Pero buscarlo, sin arriesgar la seguridad de Israel, es una meta a la que no hay por qué renunciar.

Fuente: Facebook Jana Beris
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