Mantener la calma con Arabia Saudita


El jolgorio y los ríos de entusiasmo se filtraron a través de los medios de comunicación israelíes durante la semana pasada: “¡Un periódico saudita entrevista al Jefe del Estado Mayor de Ejército israelí!”, “¡La paz con Arabia Saudita ha comenzado!”, “¡Los días del Mesías están sobre nosotros!” Ese fue el espíritu general de las reacciones a la entrevista que el Jefe de Estado Mayor, Teniente General Gadi Eizenkot, le dio al sitio web árabe de noticias Elaph, el jueves pasado.

De hecho, este sitio no es en absoluto un periódico saudí, como se afirma en los diversos informes, y lo llevan dos personas desde Londres, una persona nacida en Arabia Saudita y la otra en Irak.
Pocos israelíes saben que el entrevistador no era un periodista saudita que aterrizó en Israel en secreto, como se sugirió, sino que la entrevista la hizo el israelí druso Majdi Halabi, uno de los nuestros, que se desempeña como corresponsal israelí de Elaph.
Este sitio ha proporcionado una plataforma a varios escritores israelíes desde su creación en 2001, incluidos artículos de mi mentor, el fallecido Profesor Shmuel Moreh, e incluso la persona aquí escribiendo. Pero, por supuesto, si podemos entusiasmar a todos con un evento histórico o la llegada del mesías, ¿por qué no?
Por cierto, examiné los medios de comunicación sauditas para divisar algún tipo de mención de la entrevista, pero no encontré ninguna.
Es cierto que Eizenkot dijo cosas muy interesantes en la entrevista, incluyendo que “no toleraremos el afianzamiento de una presencia iraní en Siria en general, y particularmente al oeste de la carretera Damasco-Suwayda [formando una línea que corre más o menos paralela a la frontera israelí-siria]. Nunca permitiremos la presencia iraní, les advertimos sobre la construcción de instalaciones y bases militares, y no lo permitiremos”.
Lo que dijo, en otras palabras, es que controlamos una franja de tierra dentro de Siria, de docenas de kilómetros de ancho, a lo largo de nuestra frontera, y haremos todo lo que esté a nuestro alcance para expulsar a los iraníes de allí. Pero, ¿qué pasará si los iraníes construyen una base allí para poner a prueba nuestro temple? ¿Qué pasa si declaran públicamente que un ataque a su base provocará una gran guerra? ¿Atacarán las Fuerzas de Defensa de Israel realmente?
Parece que los israelíes – tanto los altos funcionarios como los entrevistados profesionales – han olvidado la primera regla de la cultura del bazar del Medio Oriente, una regla que aprendimos del padrino de las negociaciones en nuestra región (y mi estimado maestro, que viva muchos años), Profesor Moshe Sharon: “Nunca muestres entusiasmo, porque entonces el precio subirá a un nivel que no podrás pagar”. Los sauditas nos necesitan que les expliquemos sobre los iraníes. Estarían dispuestos a meterse en la cama con el mismísimo diablo si los protegiera de los persas.
Debemos mantener una cara neutra de póquer para que sientan que tienen que trabajar duro para convencernos que les demos lo que quieren en nuestros términos. Por ejemplo, una embajada de Arabia Saudita en Jerusalén. ¿Por qué? Porque sí. Esa es nuestra demanda.
Setenta años de soledad, odio, boicots e insultos de nuestros vecinos nos han transformado en un país que se conmueve una sonrisa, perdemos la calma con un apretón de manos, nos emocionarnos cuando una pregunta de un periodista israelí es respondida a regañadientes por un humilde príncipe saudita, lloramos de alegría después que un representante kuwaití permanece en el auditorio cuando habla nuestro embajador. Nuestra obsesión por estas muestras de atención árabe y los gestos árabes se ha convertido en un desorden psicológico. Explotan por completo nuestro deseo desesperado de sonreír, deleitándose en el análisis de los comentaristas “eruditos” sobre cada uno de sus movimientos.
Esta excitación desenfrenada demuestra que no aprendimos la lección que nuestros vecinos aprendieron del Corán: “En verdad, Dios está con el paciente” (2:153), lo que significa que si quieres que Dios te ayude, no te excedas, no lo hagas. No muestres emociones y no te apresures. Sea sensato y paciente y asegúrese de mantener su cara de póker.
El estrés y el temor que provoca Irán, país que está empujando a los saudíes en nuestra dirección, nos presenta, tal vez por primera vez, la oportunidad de establecer nuestros propios términos: dirigir negociaciones de paz únicamente con los sauditas, sin ninguna intervención extranjera; una embajada de Arabia Saudita en Jerusalén; reconocimiento de los derechos de los judíos a vivir en todas partes de Israel; una clara distinción entre la paz entre Israel y Arabia Saudita y el conflicto israelo-palestino; una promesa saudita de abstenerse de votar en contra de Israel en foros internacionales; normalización total, incluida la cooperación científica, cultural, comercial e industrial y la aceptación de banderas e himnos en eventos deportivos. ¿Tenéis un problema con eso? Bueno… Nos vemos.
Cualquiera que piense que este tipo de paz – que sería mucho mejor que los acuerdos que Israel tiene actualmente con Egipto y Jordania – es imposible, está atrapado en la mentalidad de los 12 espías de Moisés, que le dijeron después de explorar Tierra Santa: ” También vimos allí gigantes, hijos de Anac, raza de los gigantes, y éramos nosotros, a nuestro parecer, como langostas; y así les parecíamos a ellos” (Números 13:33). El día que nos veamos de acuerdo a nuestro tamaño real, nuestros vecinos nos tratarán adecuadamente. Hasta ese día, sin embargo, sigamos organizando fiestas en base a gestos.

Por Dr. Mordejai Keidar. Es un estudioso israelí de la cultura árabe y profesor de la Universidad Bar-Ilan.

Traducido por Hatzad hasheni / PorIsrael.org
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