Madrid estrena "Auschwitz, una exposición para no olvidar"


Entre Madrid y Auschwitz no hay tanta distancia. Sólo 2.754 kilómetros. «No hace mucho. No muy lejos» es el nombre de la exposición sobre el más terrible campo de concentración que puso en marcha el nazismo. Y es una declaración de intenciones: pasó en el corazón de Europa, y apenas hace 75 años. Para que nadie lo olvide, este viernes abre en Madrid la exposición sobre el campo de Auschwitz.

Madrid será la primera ciudad del mundo en que pueda verse esta exposición itinerante, organizada por Musealia, que visitará un total de 14 en Europa y América durante los próximos siete años. Cuenta con más de 600 piezas originales, el 95 por ciento de las cuales no habían salido nunca del Museo Estatal de Auschwitz Birkenau. El centro de Exposiciones Arte Canal ha diseñado un recorrido por el horror en el que resulta inevitable quedarse clavado en el suelo contemplando sus terribles expositores.

Ya en la puerta, recibe al visitante un vagón de tren de los que transportaron a los cientos de miles de personas que fueron confinados en el campo nazi. Ya dentro de la sala de exposiciones, impacta la alambrada de espino de la valla electrificada que rodeaba el lugar.

«Comprender es imposible; recordar es necesario», dijo Primo Levi, superviviente del campo, una frase que ayer recordaba Luis Ferreiro, director del proyecto de la exposición, como advertencia a ideologías que se mueven por el odio y el desprecio hacia otro ser humano.


8.000 estudiantes

Precisamente para recordar, la presidenta regional Cristina Cifuentes llamaba ayer a todos los madrileños a visitar esta exposición «muy dura, pero necesaria». La muestra será gratuita para los centros escolares, y de hecho, desde la Comunidad se ha enviado cartas a los colegios invitando a acudir, y ya hay 8.000 alumnos de Secundaria apuntados.

Es duro contemplar un auténtico barracón de los utilizados en el campo, o ver una de las literas de madera, para tres cuerpos, en la que descansaron o tal vez murieron muchos seres humanos. Como estremece la lata de gas Zyklon B, el utilizado en las cámaras de gas, expuesta junto a la máscara que se puso Rudolf Höss, comandante de Auschwitz, para ser testigo de la primera de estas ejecuciones masivas.

Los objetos parecen hablar al visitante: todo el horror se puede concentrar en la alcachofa oxidada de una ducha, o en la camilla y el instrumental utilizado por el doctor Josef Mengele en sus experimentos con mellizos –los buscaba personalmente a la llegada de los trenes–.


Pero aún más impactantes resultan las colecciones de objetos personales: brochas de afeitar, cacerolas, cazos, los trajes de rayas de los prisioneros, conjuntos de botones que se adivinan arrancados de las prendas que alguien portaba, o ese zapato rojo de mujer que sobresale en medio de una de las salas.

Auschwitz fue liberado por los soldados rusos el 21 de enero de 1945. Sólo quedaban allí 7.000 personas, al límite de sus fuerzas, y junto a ellos, como testigos incómodos de lo ocurrido, con las pertenencias de cientos de miles de fallecidos: sus trajes, y más de 6.300 kilos de pelo humano preparado para su venta.

Fuente: ABC
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