Naciones Unidas. Por Pilar Rahola

La ONU ya no es la guardiana de las libertades, permanentemente secuestrada por dictaduras poderosas.


Nuevamente, las vergüenzas de la ONU hacen un hedor intenso. Esta organización que nació para defender la democracia en el mundo –era su sueño primigenio-, ha acabado siendo una patética marioneta de intereses espurios, especialmente vinculados con el petrodólar y los países islámicos. En realidad, nada de nuevo bajo el sol de una organización que ya ha hecho cosas tan escandalosas como hacer presidente de la comisión de derechos humanos a Siria, o miembro de la comisión que vela por los derechos de las mujeres a la tiranía saudita. La suma de resoluciones favorables a intereses geopolíticos alejados de la neutralidad, se acumulan sin enmienda. Es difícil, después de tantas evidencias, saber cuál es el papel de la ONU, pero una cosa queda clara: no es la guardiana de las libertades, permanentemente secuestrada por dictaduras poderosas.

El último ejemplo redunda en una vieja costumbre de la organización: aprobar resoluciones sobre el conflicto árabe-israelí, siempre en contra de Israel, y nunca  con un mínimo de equilibrio entre las partes. La ONU es una organización sesgada y abiertamente antiisraelí, y ya no se esfuerzan por camuflarlo. La última sesión es una buena muestra: veinte resoluciones contra Israel patrocinadas por países árabes, entre ellos Siria, y votadas en masa en la Asamblea. En todas ellas, la resolución olvidaba las aristas del conflicto, no mencionaba los ataques de Hamas o Yihad Islámica contra la población civil israelí (tal como ha denunciado Hillel Neuer, director de UN Watch), y daba la razón, de manera acrítica, a sirios y palestinos. Ni un gesto de equilibrio, ni una simple apariencia de neutralidad, hasta el punto que, de manera extraordinaria, el delegado británico votó NO porque, cita textual, “las resoluciones que desprecian la credibilidad de los órganos de las Naciones Unidas hacen poco para avanzar en la paz o la comprensión mutua”. Con un añadido clarificador: “el propósito del régimen sirio es utilizar esta resolución para desviar la atención de sus acciones criminales y la matanza indiscriminada de sus propios ciudadanos”.

Con respecto a las resoluciones, hay dos especialmente insultantes: una, sobre la Montaña del Templo, donde se encuentra el Muro de las Lamentaciones y donde estuvo el Templo de Salomón y se guardó el Arca de la Alianza. Es el lugar más sagrado del judaísmo, pero en la resolución de la ONU pierde su nombre histórico y se le llama con el nombre árabe de Haram al-Sharif, borrando de un soplo miles de años de historia. Y la resolución sobre el Golán, que exige que se devuelvan los Altos a Siria y con ellos, los 20.000 drusos que viven allí (dejándolos al amparo del régimen de Asad) es sencillamente esperpéntica.

Y mientras todo eso pasa, ninguna resolución contra la represión en Venezuela, contra China, Paquistán, Turquía, Arabia Saudí… Es la ONU o, mejor dicho, su caricatura.

Fuente: La Vanguardia
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